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viernes, 8 de noviembre de 2013

La guerra de los programas sociales

Una de las mayores muestras de la estupidez política peruana se desarrolla en estos días. Se trata de la guerra de los programas sociales desatada entre los presidentes Ollanta y su esposa y el ex presidente Alan García y su esposa. Un enfrentamiento en el que se disputan la medalla a quién atendió mejor a los más pobres. Si ya era bastante con que el ex presidente rete a debatir a Ollanta, la incursión de las primeras damas en el pleito llega a lo extravagante. Estamos frente a una auténtica pelea de callejón.

Lo patético de esta situación es que se disputan la tarea más insulsa a la que puede dedicarse un gobierno, pues los programas sociales son en realidad una declaración de incapacidad para revertir la pobreza. No es verdad que los programas sociales ayuden a salir de la pobreza. Todo lo que hacen es ocultarla, maquillarla, barrerla bajo la alfonbra e, incluso, nada.

Los pobres han sido objeto de manipulación política desde tiempos bíblicos. Sin embargo, nada detiene esta mala costumbre de utilizarlos. La humanidad se pasado el último siglo gastando sumas millonaria en ayuda a los países más pobres del Africa y estos siguen en la misma situación de miseria espantosa. En el Perú los programas sociales creo que empezaron con Leguía y sus comedores populares. Hizo algo más que eso, pues Leguía también construyó hospitales y mejoró las condiciones de existencia de toda la ciudad. Desde esos días, hace ya un siglo, que los programas sociales se ejecutan en el país con ligeras variantes. Pero los pobres siguen allí. Si estos han aumentado o disminuido se debe a la situación económica del país y a ninguna otra variable.

Ollanta Humala, que tiene un cerebro trasnochado de izquierda, se cree todo un mesías redentor de los pobres, capaz de inventar la pólvora en el tema de los programas sociales. Pero lo cierto es que sus asesores de campaña no hicieron más que googlear y copiar los programas sociales de otros países, hasta con nombre propio, como el SAMU. Las limitaciones mentales de Ollanta lo llevan a creer que los programas sociales son lo máximo que un gobierno puede hacer. Y hasta ha declarado con bastante ridiculez que son "la niña de sus ojos". Es decir, más no se puede esperar de este pelele. No nos extrañemos pues que el país ya empiece a retroceder.

Tradicionalmente, al menos en el siglo pasado, el asistencialismo popular era tarea de las primeras damas. Habían algunas instituciones especializadas públicas y privadas como el INABIF, la Beneficencia Pública, la maternidad, asilos, orfanatos, etc. Pero paulatinamente el protagonismo de los gobiernos y sus primeras damas les ha ido quitando sus funciones, hasta que Ollanta Humala con su Ministerio de Inclusión Social terminó por acapararlo todo. No es raro pues ver ahora que la Beneficencia Pública tenga una costra de altos funcionarios ganando unos sueldasos por no hacer nada en locales vacíos, mientras que Nadine y Ollanta se pelean por apadrinar los programas sociales

Lo insólito es que Ollanta Humala piensa dar asistencia a las personas desde que aparecen como un embrión alojado en el útero hasta que llegan a la tumba en la ancianidad. Esto ya parece una novela de Orwell o Kafka. El Estado acompañando a los ciudadanos en cada etapa de su vida. ¿No es tenebroso? Pero esa es la mentalidad aberrante que predomina en la progresía, la que hace quebrar estados y convierte en calvario la existencia de los ciudadanos. Para la progresía el Estado debe ser el gran Hermanón y el padrino regalón. Aunque por desgracia no es raro comprobar que mucha gente de derecha cree también que el asistencialismo es vital.

El asistencialismo solo es vital para los políticos pero no para el surgimiento de un país. Ayuda a maquillar las cifras, como ha ocurrido en Venezuela, Bolivia y Brasil, pero eso no significa mejora real de la sociedad ya que solo los han hecho dependientes de una mano bondadosa y clientes de un gobierno. Se repite que la alimentación en los primeros años es vital para que los niños desarrollen su cerebro. Eso es cierto en parte, porque si esos niños no reciben adecuada estimulación y, sobre todo, adecuada educación, tendrán un cerebro nutrido pero vacío. Alimentar niños en las escuelas para que, acto seguido, reciban la pésima educación de maestros del SUTEP no sirve para nada. No hay mejor programa social que una buena educación o un empleo.

Desgraciadamente muchos opinólogos, académicos y políticos solo se alimentan de cifras estadísticas y de reportes de organismos internacionales. Sentados desde sus cómodas oficinas leen esos reportes y creen que eso es la realidad. Luego salen a los medios a brindar declaraciones triunfalistas. Pero la realidad es siempre muy diferente a lo que se ven en los cuadros estadísticos. Y generalmente los programas sociales solo sirven para alimentar esas estadísticas. Por lo demás es un gasto millonario que en su mayor parte se queda en los bolsillos de una nube de burócratas. Acabamos de ver cómo el MIDIS ha malgastado tres millones en una insulsa celebración.

La pobreza no se combate con asistencialismo. Eso lo saben todos, lo repiten a cada instante, pero nadie se atreve a criticar los programas sociales. Hoy son una vitrina de publicidad para el régimen donde brilla la primera dama como si fuera Lady Vanderbilt, la dueña de la billetera. Ridícula ostentación que debería ser criticada acremente por todos los medios.

Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

domingo, 3 de noviembre de 2013

movimiento telúrico que ha espantado a rojos, progres, caviares, hueveras, pro terrucos, terrucos reciclados y otras bacterias y coliformes de la izquierda



En estos momentos se registra un terremoto grado 9 en todo el corral de la izquierda peruana, provocando que todos sus especímenes se alboroten en extremo (bueno, ya eran extremistas) y cacareen, chillen, balen, relinchen, rebuznen, gruñan, ladren y tuiteen, entre otros muchos ruidos indescifrables en las redes. El epicentro de todo este movimiento telúrico que ha espantado a rojos, progres, caviares, hueveras, pro terrucos, terrucos reciclados y otras bacterias y coliformes de la izquierda ha sido el Congreso de la República, donde se ha nombrado a Martha Chávez Cosío como miembro de un grupo encargado de coordinar los Derechos Humanos. 

Lo que pasa es que el cotarro zurdo cree que el asunto de los DDHH les pertenece. Han establecido una especie de derecho de propiedad privada sobre los asuntos de DDHH a base de sus ONGs. Nadie más que los caviares dueños de ONGs de DDHH puede ocuparse de estos temas. Pero lo peor de todo para ellos es que sea Martha Chávez, una política que se destaca por su valentía y coraje para responder a cualquiera que se le cruce en el camino, sin discriminación alguna. Se pasa horas "debatiendo" con todos los trols del rojerío en el Twitter. Si eso no es actuar apegada a la no discriminación, la tolerancia y el respeto por los DDHH, incluyendo el de los trols del rojerío, entonces ¿qué es?

Por un lado la caviarada siente que les están pisando el poncho. Alguien en el Congreso de pronto se atreve a cuestionar la labor de la CVR, esa sacrosanta e inmaculada concepción de la caviarada y la progresía para justificar toda la violencia política predicada y ejercida por la izquierda durante el siglo XX, y de paso para sentar las bases ideológicas del antifujimorismo como bandera de los DDHH. De hecho peligra todo ese entramado sociológico, antropológico y político que la CVR construyó para justificar su delirio de sangre en el siglo XX y para reciclarse con un nuevo rostro en el nuevo milenio. Algo inaceptable, además, para el negocio de los DDHH que las ONGs de izquierda ha monopolizado. Así como la izquierda llora y chilla por esa supuesta "concentración de medios" habría que reclamarles su concentración de ONGs de DDHH. ¡Ya basta!

El escándalo en todas las tiendas y chiqueros de izquierda se ha desatado. Las redes han explotado de mensajes cuestionando la designación de Martha Chávez. Los trols están ganándose su pan en estos mismos instantes insultando al fujimorismo en pleno, bestia negra de la izquierda pro terruca. Y para coronar la fiesta tenía que salir la chica del pastel: Claudia Cisneros, atormentada activista de izquierda, encabeza una histérica colección de firmas en una página web donde cualquier idiota puede abrir una cuenta y pedir firmas para las causas más aberrantes y estúpidas que se les pueda ocurrir. Encima, acepta firmas falsas. ¡Gran aporte!

Semejante proeza del activismo progre y de los eternos figuretis de Chollywood que se identifican con esta clase de inmundicia política, ha sido resaltada de inmediato por el diario chicha de izquierda La República. No falta nada. El guión está completo. Cabe esperar las infaltables columnas que al respecto ya estarán preparando Rosa María Palacios y Augusto Álvarez Ródrich, entre otros mermeleros de la prensa roja que anda reclamando más medios para seguir regando su hez en mayor medida. También viene la caricatura de Carlín y varias carátulas de La Primera y Hildebrandt. Veremos hasta dónde puede llegar la histeria progre por el nombramiento de Martha Chávez. 

Por lo pronto, y en respuesta a una pregunta que La Mula colgó en el Facebook, yo solo diría que si me siento mejor teniendo a Martha Chávez defendiendo mis derechos humanos, antes que la CNDDHH y Aprodeh, quienes prefieren preocuparse por los terroristas que tanto daño causaron a nuestra patria.

viernes, 25 de octubre de 2013

Integrantes del Movadef tomaron dormitorios de La Cantuta, denunció rector temporal


Integrantes del Movadef tomaron dormitorios de La Cantuta, denunció rector temporal

Freddy Aponte también informó que una trabajadora de la universidad fue agredida en medio de las protestas de un grupo de estudiantes
Un grupo de estudiantes ligados al grupo pro senderista Movadef ha tomado los dormitorios de la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle ‘La Cantuta’, advirtió hoy el rector en funciones, Freddy Aponte.
El también presidente de la Comisión Interventora indicó que estas personas echaron a golpes y con amenazas a los alumnos que no se plegaban a sus ideas extremistas. “Los integrantes del Movadef han sacado a los chicos de provincia, que no se quisieron sumar a su grupo. Estas personas, además, han saqueado el comedor”, agregó en diálogo con Canal N.
Aponte dijo que entre los alumnos que intentaron ingresar hoy a la fuerza al campus existen infiltrados y no descartó que sean de esta agrupación, que aboga por la libertad del sanguinario terrorista Abimael Guzmán.
Acusó al ex rector Vladimiro Del Castillo Narro de liderar la violenta protesta de los estudiantes.
Denunció que los estudiantes agredieron física y verbalmente a una trabajadora de la universidad que apoyan a la Comisión Interventora.

jueves, 24 de octubre de 2013

El arte de utilizar a los muertos


Por: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: Voz Liberal del Perú

Si algún politólogo está tratando de construir un perfil de la izquierda peruana, no puede dejar de anotar la patética utilización de los muertos para sus fines políticos. No solo son obsesivos adoradores de muertos como Juan Velasco Alvarado, el Che, Evita, Allende, Bolívar, Chávez o algún otro personaje elevado a los altares del rojerío, sino que incluso los muertos anónimos son útiles para sacarlos a la luz y armar campañas y orquestas. En el Perú ya se ha hecho una constante la aparición en los medios de izquierda de los famosos "Deudos de La Cantuta" metiendo su cuchara en todo lo que tiene que ver con Alberto Fujimori.

Esta semana la rojicaviar Rocío Silva Santisteban, secretaria ejecutiva de la CNDDHH, escribió otro de sus melodramáticos artículos para rememorar a un perfecto desconocido hecho ya famoso: Ernesto Castillo Páez, un estudiante de la PUCP desaparecido hace la friolera de 23 años. El morbo necrofílico de esta activista de los DDHH parece no tener límites. Vive lista a "conmemorar" cualquier aniversario de un muerto o desaparecido, siempre que se trate de una "víctima" del sistema o, más aun, de Fujimori, que es ya la especialidad de la izquierda "moderna".

La utilización de los muertos seguramente tendrá su máxima expresión en el próximo proyecto de la progresía, el pomposo "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social", máximo exponente de la huachafería y la cucufatería caviar limeña. Seguramente volverán a hacer su aparición los insufribles "Deudos de la Cantuta" encabezados por la terruca Gisela Ortiz Perea y su relamido discursillo en contra de Alberto Fujimori, signado gratuitamente por la demencia roja como el responsable de la matanza. 

Todavía está pendiente el tanático proyecto del "Plan Nacional de Investigaciones Antropológico-forenses" recomendado por la CVR y que pretende iniciar el desentierro de cuando menos 10 mil fosas por todo el país. El principal (y único) objetivo es hacer otro gran negociado caviar con las ONGs que aguardan ansiosas la aprobación del proyecto, ya que más allá de eso no servirá absolutamente para nada, aunque nos vengan con un rollo repleto de muy altruistas motivaciones que en verdad no pasan de ser una muestra más de la diarreica palabrería progre.


Como vemos, la ética y moral de la izquierda no hace ascos cuando se trata de hacer dinero manipulando la memoria y jugando con los cadáveres cuando estos son útiles para montar un psicosocial. Sin duda, la izquierda no es un lugar donde los muertos puedan descansar en paz.

viernes, 18 de octubre de 2013

Las Verdades Amargas de la UNASAM

Quisimos hacer una recopilación de lo que nadie dice, de lo que muchos ocultan y pretenden que luchan justamente, cuando existe toda una mafia en nuestra casa de estudios. Esperamos que la gobernabilidad se instaure en la unasam, y nos guste o no, esa legalidad esta representada en el Rector de la UNASAM, Dante Elmer Sanchez Rodriguez.

domingo, 13 de octubre de 2013

La vida del Che fue la vida de un fracasado

Escritor argentino: “La vida del Che fue una estética del fracaso” 
 
“Como médico nunca ejerció, como guerrillero comandó tres aventuras en Argentina, el Congo y Bolivia y en las tres fracasó rotundamente, y como ideólogo del marxismo nadie jamás lo tomó en cuenta”, señala el también periodista Nicolás Márquez
 

Fuente: Cuba Encuentro
 
El escritor y periodista argentino Nicolás Márquez publica un libro en el que señala que la muerte de Ernesto Che Guevara ayudó a crear el mito y elevarlo a la condición casi de santo laico; asegura que no era un personaje politizado en absoluto y que en toda su vida universitaria jamás militó en política.

El periódico boliviano El Diario, publicaba este lunes una entrevista concedida por Márquez al diario El Correo de Perú, en la que habla sobre su libro El Canalla. La verdadera historia del Che, con el que pretende desenmascarar “al sanguinario carnicero”.

El autor reconoce que se trata de un libro provocativo y señala que el hecho de colocar en portada la frase “hasta la derrota siempre”, en lugar de la original pronunciada por el guerrillero —“Hasta la victoria siempre”—, tiene que ver con su idea de que la vida del Che fue una “estética del fracaso”.

“Como médico nunca ejerció, como guerrillero comandó tres aventuras en Argentina, el Congo y Bolivia y en las tres fracasó rotundamente, y como ideólogo del marxismo nadie jamás lo tomó en cuenta”, señala el escritor.

Para Márquez, la revolución cubana es “un triunfo” que atañe a Fidel Castro y que el Che “solo fue comparsa de un personaje infinitamente más talentoso”. “Lo que pasa es que su muerte ayudó a crear el mito y elevarlo a la condición casi de santo laico. Se lo venera en parte precisamente porque no se le conoce. Es un fetiche propagandístico”, añade.

Según el periodista, el Che pasó de ser un “personaje fracasado” a ser un “mártir del comunismo” por su presencia, porque murió joven y por ser de izquierda.

“Si hubiese estado a la derecha del espectro compartiría la fama de genocida de un Videla, pero por ser ‘revolucionario’ se lo disculpa de sus errores y horrores”, señala.

Guevara no era un personaje politizado en absoluto, asegura Márquez: “En toda su vida universitaria jamás militó en política”.
“Cuando lees sus cartas queda de manifiesto alguien sin rumbo. Alguien criado sin autoridad paterna, cuando se encuentra con un personaje tan carismático e imperativo como Fidel, se le termina subordinando” añade.

De guerrillero a “canalla sanguinario”


Márquez apoya la tesis de un Che Guevara “sanguinario” y “carnicero” y dice que en su libro transcribe muchas cartas previas a su viaje a Cuba donde el guerrillero ya manifiesta cierta inclinación violenta. “Él decía, por ejemplo, que sus amigos lo seguirían siendo mientras pensaran como él. (…) A mi juicio se nota en todo momento un odio interior infernal. La violencia política le proporciona una suerte de catarsis”.

“En su diario de Sierra Maestra cuenta con nombre, apellido y circunstancias, y con lenguaje médico, cómo fusila a sus subalternos por simple indisciplina. Pero además, estos fusilamientos no solo los ordena sino que él mismo los ejecuta”, añade el escritor argentino.

Márquez recuerda que mientras estuvo al frente de “un gulag llamado La Cabaña”, se produjeron una 1.000 ejecuciones y de ellas el “Che” participa directamente en 175.

“Combinando la propaganda y el terror represivo a modo de tenazas, Guevara pensaba que a la larga lograría transformar la naturaleza humana y por fin fabricar el ‘Hombre Nuevo’”, destaca.

El escritor también asegura que muchas cartas que cita en su libro demuestran “su desprecio por el género humano”.

“A los bolivianos los describe en su diario como ‘animalitos’, de los indios argentinos dice que es más agradable el olor a excremento de vaca, de los africanos dice que son negros porque no se bañan. Hay una desvalorización constante del otro en su actuar concreto. Fue un hombre despiadado”, concluye.

 
*Nicolás Márquez nació en Mar del Plata en abril de 1975, es periodista, abogado y escritor. Ha colaborado en medios como Ámbito Financiero, La Nueva Provincia, la agencia Notiar y con el Hispanic American Center for Economic Research de Washington DC. Es también autor de otras obras como La otra parte de la verdad, La Mentira Oficial, El Vietnam argentino y Chávez, de Bolívar al narcoterrorismo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Che Guevara: la máquina asesina del comunismo


Por Alvaro Vargas Llosa

El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo—y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) “chic”. Sean O''''Hagan sostuvo en The Observer que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco."

Los productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven en pantalones de fajina luciendo una remera del Che, o la Flamingo''''s Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este argumento devastador: "Yo vendo lo que la gente desea comprar." Los revolucionarios también se unieron a este frenesí de productos—desde "The Che Store", que vende provisiones, hasta el sitio que atiende "todas sus necesidades revolucionarias" en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del film Diarios de Motocicleta y de que Minà pudiese producir su propio documental. Para no mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se quejaba hace poco en Madrid, según el diario El País, ante un Rioja y un magret de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el cobro de las regalías. Para llevar a la ironía más lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del siglo veinte sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos, se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos de jubilaciones y pensiones privada Máxima AFJP, una hija de la privatización de la seguridad social argentina en la década de 1990.

La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimiento—un renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a Diarios de Motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de auto-descubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era.

Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.

Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuviesen alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores post-comunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mito—excepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."

Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del fútbol mundial, vistiendo una remera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que "el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario," y agregó: "Creo que el Che en verdad vive, después de todo."

El héroe del fútbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en Mexicali luce una vincha del Che porque ella lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los afiches del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada. Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, enumera a los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson, y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta legislativa de Hong Kong, desafía a Beijing al vestir una remera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del Presidente Lula da Silva y encargado del programa de alto perfil "Hambre Cero," afirma que "deberíamos prestarle menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara." Y lo más estupendo de todo, en la ceremonia de este año de los Premios de la Academia, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción principal del film Diarios de Motocicleta: Santana se presentó luciendo una remera del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto del Che están por todas partes. Una vez más el mito está apasionando a individuos cuyas causas en su mayor parte representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.

Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa a la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su coraje—que Castro describió como "su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"—significa que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto acerca de una época como la verdad. Y es así que gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuan engañados están muchos de nuestros contemporáneos respecto de muchas cosas.

Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de "siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo," Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: "¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco." En otras ocasiones el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las victimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: “Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía”.

La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”. Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante había observado que “Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes”. No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personas—enemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: “Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho...sus pertenencias pasaron a mi poder”. Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular "era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte," no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio." En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.

Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán," quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus ordenes en las montañas. “Ante la duda, mátalo” fueron las instrucciones del Che. En vísperas de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central, hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel, como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario que después se convertiría en periodista (agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos como casquitos que se habían unido al ejército simplemente para escapar del desempleo).

Pero la "fría máquina de matar" no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender a La Habana contra los piratas ingleses en el siglo dieciocho; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que
“El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario”. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres”.

Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger," Arzuaga recuerda que
“La cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos “chivatos”, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la “galera de la muerte”, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos “el carnicero” porque gozaba gritando “pelotón, atención, preparen, apunten, fuego”. Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. “Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frente”.
¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de "más de 500." Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de "las dos mil y pico" ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. "Dijo que todos eran agentes de la CIA y no se refirió a la cifra," recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.

Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D'Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los Premios Oscar, y agregó: “Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. El me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de mucho que morían gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajar—una especie de protesta contra las limitaciones del estado-nación—y su impulso por convertirse en un estado esclavizante en relación a otras personas es patético. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural." Podría haber estado describiéndose así mismo. En cada etapa de su vida adulta, sus megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.

En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia, regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del alcohol, y el juego informal—un puritanismo que no caracterizaba precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese año: "Las masas que luchan están de acuerdo con asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos." Esta idea de la revolución como una licencia para reasignar la propiedad según le conviniese condujo al puritano marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el triunfo de la revolución.

El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central a la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad." Este instinto depredador alcanzó un apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían.

La obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el Che temporalmente se retiró para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los líderes principales, incluido Castro, diseñaron al estado policíaco cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado por los soviéticos que había estado muy cerca de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó un papel fundamental en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas. La invasión respaldada por los EE.UU. de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar al nuevo estado policíaco, con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios nunca "volverían a levantar su cabeza."

"Contrarrevolucionario" es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de "hereje." Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir el disenso. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo diecinueve, haber empleado por vez primera a la palabra "concentración" para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositores—en su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubano—con alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuasen con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones, y fábricas—todas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che el estibador, el Che el cortador de caña, el Che el fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviese un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: “A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel , la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado...es trabajo duro, no trabajo bestial”.

Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, victimas del SIDA, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras escorias por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los "desadaptados" serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros Conducta Impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.

De esta manera, la revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió a la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el "cerebro," a Fidel Castro como el "corazón" y a Raúl Castro como el "puño." Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. (Habló abiertamente de su relación con Nikolai Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la "sovietización" de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el vice primer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones soviético-cubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que “más” le impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que el mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Khrushchev en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que los Estados Unidos pudiesen descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría—en otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.

Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que "su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio." Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanos—cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con los Estados Unidos a espaldas de Castro que incluía la remoción de los misiles estadounidenses de Turquía—Guevara dijo a un periódico comunista británico: "Si los cohetes hubiesen permanecido, los hubiésemos utilizado a todos y dirigido contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión." Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: "Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye a la coexistencia entre los explotadores y el explotado."

Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesiones—a diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: "Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo." En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor," es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.

El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económica—su idea de la justicia social—como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento—todo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista.

Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma "Che," ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: “Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía”. Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del 10 por ciento "sin el menor temor," y, para 1980, un ingreso per capita mayor que el de "los EE.UU. en la actualidad." En verdad, hacia 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos se encontraban bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soja por semana; y cuatro huevos por mes.

La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En el nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlas—o incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores en la oficina: "Nuestros camaradas técnicos en las compañías han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se vuelve una piedra." Para 1963, todas las esperanzas de industrializar a Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó su rol de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para revenderlo a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría en base a un subsidio soviético de más o menos entre $65 mil millones y $100 mil millones.

Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista—la toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzos—es seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haití—todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montase un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.

Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió con dos rebeldes—Pierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el este—contra el desagradable gobierno congoleño, el cual era sostenido por los Estados Unidos, por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que podían leer y a todos los que vestían una corbata. Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el mundo descubriría en los años 90 que también él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo después, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía de décadas. (En los países latinoamericanos, de Argentina al Perú, las revoluciones inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado practico de reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)

En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a los Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto" fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor, Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.

Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida en base a principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La Guerra de Guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlos, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el rol de cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente de motivación y sin mucha organización; los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos en cenizas para los foquistas, y América Latina se ha vuelto urbana en un 70 por ciento en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también, el Che Guevara fue un cruel alucinado.

En las últimas décadas del siglo diecinueve, Argentina tenía la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos era superior al de los trabajadores suizos, alemanes, y franceses. Para 1928, ese país ocupaba el duodécimo lugar en el mundo en cuanto a su PBI per capita. Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.

Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara, Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder revolucionario en el poder—Justo José de Urquiza, quien derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior. Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda, Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina, fue la base de la Constitución de 1853 que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad, inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra de su país contra Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson.

Este trabajo fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republicbajo el titulo de The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005.

Traducido por Gabriel Gasave

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